Volcán San José
Guiando en altura
Una vez más partía rumbo a la montaña acompañado de clientes. Esta vez, nuestro objetivo era el imponente volcán San José, uno de los grandes colosos de los Andes centrales, con sus 5.856 metros de altitud.
Llegué temprano a Santiago, como de costumbre. Después de reunirnos y organizar los últimos detalles, emprendimos el viaje hacia el Cajón del Maipo. Algunas horas más tarde alcanzamos el sector del Cabrerío, punto donde dejamos el vehículo y comenzamos la aproximación.
El día estaba despejado y la temperatura era muy agradable. Cruzamos el extenso valle de la Engorda y luego comenzamos a remontar las laderas que conducen al refugio Plantat. Llegamos cerca de las tres de la tarde y nos tendimos sobre el pasto para descansar después de la caminata. Preparamos té, comimos algo y organizamos la jornada siguiente. Sabíamos que sería un día largo, por lo que cenamos temprano y nos fuimos a dormir.
Antes de la salida del sol ya estábamos nuevamente en marcha, avanzando en dirección al campamento alto. La clave era mantener un ritmo tranquilo y constante, administrando bien nuestras energías. Seguimos el sendero hasta el campamento Las Lajas y, un poco más arriba, hicimos una breve pausa. Aprovechamos al máximo los neveros que todavía permanecían en la montaña, lo que nos permitió progresar con mayor comodidad y reducir el impacto del terreno sobre nuestras rodillas.
Alrededor de los 4.000 metros nos detuvimos para comer algo más contundente. Descansamos cerca de media hora y retomamos el ascenso, esta vez por un nevero cubierto de penitentes que resultaron bastante cómodos de atravesar. Continuamos sin mayores dificultades hasta alcanzar el campamento alto, situado aproximadamente a 4.600 metros.
Una vez instalados, recogimos agua de un pequeño curso cercano, armamos las carpas y preparamos todo el equipo para el intento de cumbre. Mis dos clientes compartieron su carpa mientras yo instalé mi vivac a un costado. La noche fue tranquila y, a pesar de la altitud, todos logramos descansar bastante bien.
Después de comer algo liviano y realizar los últimos preparativos, comenzamos la jornada principal cerca de las cuatro de la madrugada. El inicio fue exigente: tuvimos que superar un largo y empinado acarreo que nos llevó hasta una arista. Allí hicimos una pausa para hidratarnos y observamos las carpas de otros montañistas que habían preferido instalar su campamento a mayor altitud.
Continuamos caminando bajo la oscuridad hasta que las primeras luces del amanecer comenzaron a iluminar la cordillera. Más adelante enfrentamos el cruce del glaciar, para el cual llevábamos todo el equipo técnico necesario. En uno de los tramos tallé algunos escalones sobre el hielo y aseguré el paso de la cordada, lo que nos permitió atravesarlo de manera controlada y sin dificultades.
A medida que ganábamos altura, el avance se volvía más lento. Uno de mis clientes comenzó a sentir un leve dolor de cabeza, por lo que nos detuvimos varias veces para que pudiera descansar, hidratarse y recuperarse antes de continuar. En altura no hay espacio para apresurarse: es fundamental observar, evaluar y tomar decisiones de acuerdo con el estado de cada integrante.
Después de varias horas de esfuerzo alcanzamos finalmente el cráter del volcán, a más de 5.800 metros. Nos sentamos a descansar y a disfrutar en silencio de aquel gran momento. Corría algo de viento, pero el día estaba extraordinariamente cálido y agradable para esa altitud. La satisfacción de haber llegado hasta allí, después de tantos días de aproximación y esfuerzo, se reflejaba en cada uno de nosotros.
Iniciamos el descenso siguiendo la misma ruta hasta el campamento alto. Allí dormimos una breve siesta, comimos, desarmamos las carpas y continuamos bajando hacia el refugio Plantat. Llegamos justo cuando el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas. Felices y agotados, compartimos algo de comida antes de caer profundamente dormidos.
A la mañana siguiente despertamos bajo un cielo despejado y un sol radiante. Todavía nos quedaba la caminata de regreso hasta el vehículo, pero avanzábamos con la energía y la satisfacción que deja haber completado una gran expedición. Atrás quedaba el volcán San José y una nueva experiencia guiando en altura, marcada por el esfuerzo, la paciencia y el compañerismo de la cordada.

